Una experiencia inigualable
Al pensar en el Gran Cañón, a menudo nos vienen a la mente imágenes de helicópteros sobrevolando estratos rocosos o excursionistas asomados al borde de un precipicio.
Sin embargo, existe una forma de descubrir este gigante natural que rompe con todos esos clichés. Y, sinceramente, puede que sea incluso mejor. Porque sí, viajar en el tren del Gran Cañón es algo sencillamente mágico.
Foto de USA Coast to Coast
Un viaje al pasado antes incluso de llegar
Déjame contarte algo. Cuando llegué a Williams, Arizona, para subir al tren del Gran Cañón (Grand Canyon Railway), esperaba un trayecto convencional: un tren turístico más. Me equivocaba. La salida desde la histórica estación de Williams, con su arquitectura clásica del Oeste americano, te sumerge al instante en el ambiente de los años 30.
Y créeme, el vapor que emana de la locomotora no es solo un detalle estético; marca el tono de todo el viaje. Durante casi dos horas, te deslizas entre bosques de pinos ponderosa, pasando junto a arroyos cristalinos y paisajes desérticos que cambian a cada curva. A diferencia de un paseo en helicóptero, donde sobrevuelas la zona a 2000 metros de altura, aquí te encuentras inmerso en el propio paisaje. Se divisan senderos de animales. Se escucha el canto de los pájaros.
El viento roza la ventana. Existe una intimidad con la tierra que el aire, por sí solo, no puede ofrecer.Lo que las guías de viaje no siempre cuentan
Seamos claros: el tren no es barato. Cuesta alrededor de 170 dólares por persona, ida y vuelta. Pero si lo piensas bien, ese precio incluye el entretenimiento en la estación de llegada —vaqueros, música en vivo y, a veces, hasta un mini-rodeo—, todo ello antes incluso de llegar al cañón. Ahí es donde muchos se equivocan, al pensar que solo pagan por el transporte. No es así; es una experiencia de día completo.
Las mejores épocas, según mi experiencia
Yo fui a finales de septiembre y fue perfecto. Las temperaturas oscilan entre los 15 y los 25 grados Celsius. Ni demasiado calor ni frío. Pero si visitas el lugar en verano, prepárate para encontrar grandes multitudes.
¿Y después del viaje en tren?
Una vez que llegas a la estación del Borde Sur (South Rim), tienes varias opciones. Algunos prefieren caminar hasta Mather Point, que está a solo 10 minutos. Otros toman el autobús lanzadera gratuito hacia otros miradores.
Personalmente, recomiendo llevar un pícnic y buscar un lugar menos concurrido. El poblado del parque tiene su encanto, pero la verdadera magia reside a 20 minutos de allí, donde nadie te molesta. Luego llega el viaje de regreso al atardecer: cansado pero feliz. La oscuridad cae durante el trayecto. La luna se alza sobre las colinas. El regreso se hace en silencio, tal como sucede después de ver una película que deja una huella profunda.Algunos consejos prácticos
- Las salidas son desde Williams, Arizona.
- El tren sale a diario a las 9:30 a. m. (excepto en noviembre y diciembre, cuando parte a las 8:30 a. m.). Llega a la estación del Gran Cañón, en el Borde Sur (South Rim), a las 11:45 a. m. (excepto en noviembre y diciembre, cuando llega a las 10:45 a. m.).
- Dispondrás de más de 3 horas para explorar el cañón.
- El tren sale del cañón a las 3:30 p. m. y llega a Williams a las 5:45 p. m. (excepto en noviembre y diciembre, cuando parte a las 2:30 p. m. y llega a las 4:45 p. m.).
- Si la demanda es alta, es posible que se habilite un segundo tren.
- Consulta los horarios y realiza tus reservas en el sitio web oficial: https://www.thetrain.com.
- Lleva una cámara; la luz cambia cada diez minutos.
- Vístete por capas; incluso en verano, las mañanas pueden ser frescas.
- Si tienes miedo a las alturas, quédate tranquilo: el tren sigue una ruta segura. En ningún momento te acercas realmente al borde.
Las seis clases del Grand Canyon Railway
Cabe destacar que este tren ofrece seis clases de servicio diferentes, y la elección merece un momento de reflexión.
- La opción básica es la clase Pullman (70 $ por adulto), que cuenta con vagones de 1923 equipados con asientos corridos y ventanas abatibles. No dispone de aire acondicionado, pero ahí reside precisamente su encanto: sentir el aire de la montaña en el rostro. Solo opera de marzo a octubre.
- Un escalón por encima se encuentra la clase Coach (90 $ por adulto), que ofrece vagones más modernos de la década de 1950, con grandes ventanales y aire acondicionado durante los meses más cálidos. Es accesible para pasajeros con movilidad reducida y ofrece un buen equilibrio.
- A continuación, subimos un nivel hasta la Primera Clase (173 $ por adulto): asientos espaciosos, servicio de bar y aperitivos de cortesía por la mañana y por la tarde. En resumen, ofrece auténtica comodidad.
- Luego está la opción Observation Dome (203 $ por adulto), donde se viaja en un vagón con cúpula panorámica típico de la era de los trenes aerodinámicos o *streamliners* para disfrutar de una vista privilegiada del paisaje. También cuenta con servicio de bar.
- Por último, existen dos clases de "lujo" por 243 $ por adulto, ambas reservadas exclusivamente para adultos. La Luxury Dome ofrece la experiencia definitiva: una cúpula panorámica que recorre toda la longitud del vagón, una sala de estar en el nivel inferior con bar privado, cócteles exclusivos y aperitivos incluidos. Por su parte, la Luxury Parlor permite viajar como un magnate ferroviario, con el atractivo añadido de una plataforma trasera abierta para admirar el paisaje desde otro ángulo. También incluye aperitivos ligeros y bar privado.
¿ La conclusión principal ?
Todas las clases permiten acceder al vagón cafetería para tomar un sándwich o una bebida, pero a partir de la Primera Clase, los aperitivos son gratuitos tanto en el viaje de ida como en el de vuelta.
Ah, y una última cosa: por supuesto, puedes elegir una clase para el trayecto de ida y otra diferente para el de regreso.En conclusión
Entonces, ¿es mejor elegir el helicóptero o el tren? Mi respuesta sencilla: elige ambos. El helicóptero ofrece una perspectiva impresionante, que permite apreciar la verdadera magnitud del cañón. El tren, por su parte, te regala tiempo: tiempo para observar, sentir y vivir la experiencia. Dos formas complementarias de descubrir la misma maravilla.